Los pros y los contras

El viernes pasado fui a comer con mi hermano. Pasé por él al despacho de arquitectos en el que trabaja y como estaba en una junta con sus socios, tuve que esperarlo un rato en su oficina.

Cuando salió, me dijo que la reunión se había prolongado porque no podían llegar a un acuerdo respecto a la elección de proveedor para una compra de perfiles de aluminio que necesitaban.

El motivo de la controversia fue que la oferta más económica era la de una empresa extranjera; estadounidense, para ser precisos. La competencia era una empresa mexicana, cuyos productos cumplían mejor con las exigencias del proyecto que estaban desarrollando; además, la entrega sería más rápida. La única desventaja era el precio.

Lo que subió un poco el tono de la discusión fue que uno de los socios argumentó a favor del proveedor nacional, no tanto por la calidad de los productos (lo cual nadie cuestionaba), sino por la importancia de apoyar a las empresas mexicanas, en estos momentos de gran incertidumbre económica.

Otro socio, que también estaba de acuerdo con esa idea, comenzó a hablar de las propuestas que han circulado en distintos medios, principalmente redes sociales, para boicotear las marcas y productos que vengan de los Estados Unidos y optar por el comercio local. Esta persona expresó que sumarse a ese boicot ya no era una opción, sino un deber de todo mexicano que realmente se interesara por su país.

Frente a estas propuestas, se alzaron las voces que defendían los intereses económicos de la empresa y que comentaban lo difícil que sería prescindir de todos los productos estadounidenses, en virtud de la enorme presencia que tienen en nuestros mercados. Mi hermano, como suele hacer en toda discusión, la hizo de mediador y trató de que cada parte escuchara los argumentos de la otra y que se tomara una decisión satisfactoria para todos.

Mientras escuchaba a mi hermano, pensé que, en primera instancia, yo estaba de acuerdo con la idea de favorecer el consumo de productos nacionales. En la mayoría de los casos, estos tienen una excelente calidad y precios accesibles, pero nos decantamos por los extranjeros debido a cuestiones como el prestigio, o bien porque son mucho más baratos, aunque no sean tan buenos.

Sin embargo, todas las ocasiones en las que se ha propuesto el mencionado boicot, también me he preguntado si éste no se traduciría en un daño para nuestros connacionales. Aunque esas grandes cadenas de supermercados, tiendas de ropa, cafeterías o restaurantes pertenezcan a extranjeros, los gerentes y empleados son mexicanos y si la baja en el consumo llegase a perjudicar a las compañías, ellos serían los primeros en perder sus empleos.

Es cierto que al preferir los productos locales, fortaleceríamos a nuestras propias empresas y permitiríamos que se convirtieran en generadoras de más empleos. Pero, ¿realmente llegarían a brindar toda la oferta que dan las grandes empresas trasnacionales? Tal vez, al cabo de un tiempo, pero mientras tanto, ¿qué pasaría con las necesidades más elementales de la población desempleada?

La verdad, no es una cuestión fácil y decidir lo es aún menos. Sin embargo, me parece una buena señal el que los temas ya se discutan.

Seguridad en las escuelas

La sesión de ayer de mi diplomado en medicina general no transcurrió como siempre. Seguramente ustedes, apreciados lectores, adivinan la razón. Maestros y alumnos teníamos en mente los acontecimientos recientemente ocurridos en el norte de nuestro país y todos nos hallábamos demasiado consternados como para concentrarnos en cuestiones académicas.

Algunos compañeros, que ya son padres, se hallaban muy preocupados y comentaban que aquella mañana, por primera vez, habían sentido temor al dejar a sus hijos en la escuela. Y es que si bien todos sabemos que la situación de nuestro país siempre ha estado lejos de ser idónea en materia de seguridad, también confiábamos en que ciertos lugares, como las escuelas, eran seguros y podíamos confiar en que al llegar ahí, nuestros hijos no tendrían nada que temer.

El maestro, por su parte, y otros compañeros del diplomado que también ejercen o han ejercido la docencia, comentaron que siempre han estado conscientes de los grandes retos que implica su profesión. Sin embargo, nunca habían pensado que entre tales retos pudiera existir un auténtico peligro para su seguridad e incluso para sus vidas.

Una vez que la discusión comenzó a decantarse por esos rumbos, fue inevitable llegar al tema de la seguridad en las escuelas. Al igual que muchos medios de comunicación, que supuestamente constituyen canales de expresión para la opinión pública, y como cientos de personas que no tardaron en emitir sus juicios en redes sociales, aun cuando no tenían un total conocimiento de las circunstancias, varios asistentes al diplomado eran de la opinión de que la tragedia se habría evitado con una “simple” revisión de mochilas en la escuela.

Señalo que tales juicios se emiten sin tener un conocimiento cabal de las circunstancias y por tanto los considero precipitados, porque realmente no podemos estar seguros de que ese tipo de medidas basten para evitar que la violencia se infiltre hasta las aulas. Más aún, el que alguien revise nuestros objetos personales, por más que se trate de una persona profesional y de confianza, ¿no es ya, en cierta medida, un acto que nos violenta?

En nuestra sociedad nos hemos acostumbrado a sobrellevar ese tipo de situaciones, en aras de la seguridad. Aceptamos este tipo de revisiones en los aeropuertos y terminales, así como al ingresar a ciertos edificios, porque nos han hecho aceptar la idea de que al hacer esas concesiones a nuestros derechos y libertades individuales, disfrutaremos de un vuelo o de una estancia seguras. No obstante, también es válido preguntar por qué debemos ser nosotros, los ciudadanos que tratamos de vivir respetuosamente y en conformidad con la ley, quienes debemos someternos a ese tipo de exámenes que hasta cierto punto nos dejan en calidad de sospechosos.

Pero, quizás lo que resulta más urgente de analizar al hablar de la seguridad en las escuelas es la cuestión de si todo debe reducirse a medidas de vigilancia y restricción, como es el caso de la revisión de mochilas. ¿No habría que prestar la mayor atención al comportamiento, las necesidades y los sentimientos de los niños y jóvenes? ¿No sería importante identificar la forma en que toda la violencia del entorno les afecta y desarrollar estrategias para interpretar, canalizar y depurar todos esos sentimientos negativos?

Creo que mientras estas últimas cuestiones no se atiendan, las medidas de seguridad sólo serán paliativos menores, que no siempre lograrán poner freno a la violencia.

Lo que puedes hacer para tener un buen viaje

Una de las actividades que más he disfrutado, aunque ocasionalmente también padecido, en el transcurso de mi carrera como periodista es el viajar.

Ya he perdido la cuenta de todos los vuelos nacionales e internacionales que he abordado, la mayoría en aerolíneas de bajo costo y una que otra clase ejecutiva, cortesía de algún patrocinador.

Incontables son también los hoteles en México DF, Guadalajara, Monterrey, Chihuahua… en fin, casi todas las capitales de la república mexicana, en los que me he hospedado; además de aquellos en Nueva York, Washington, Londres o Madrid.

Una de las frases que más escucho al partir rumbo a un viaje de trabajo es, naturalmente, “¡Buen viaje!” y otra que no falta es la de “¡Que tenga un vuelo placentero!”. Aunque la cortesía y los buenos deseos siempre se agradecen, muchas veces me he preguntado si tener un buen viaje y, más aún, un buen vuelo, realmente dependen de mí.

Quizá el viaje sí, en gran medida, pues yo soy responsable tanto de cuidarme, como de cumplir con mis objetivos, lo cual dará como resultado una salida exitosa. Pero, ¿qué hay del vuelo? Ni la ruta, ni la mayor parte de la seguridad, ni la conducción del avión y ni siquiera la comida y el momento en que se sirve están bajo mi control. Así que, lo de tener un buen vuelo es más un deseo favorable con el que todos se despiden, antes que algo en lo que efectivamente podamos aplicarnos.

Sin embargo, la experiencia también me ha enseñado que sí hay hábitos y normas de conducta que podemos seguir en cada vuelo, para que éste sea lo más agradable posible. Al comentar el tema con otros colegas y con aficionados a los viajes, encontré que mis ideas no eran desatinos y que tener un buen viaje en avión sí está, en cierta medida, en nuestras manos.

Les comparto las recomendaciones:

Seguir las indicaciones para abordar

Más allá del abordaje prioritario para quienes vuelan en primera clase o pagan por este “servicio de cortesía”, el orden de abordaje indicado para la mayoría de los pasajeros tiene una razón de ser. Generalmente se llama primero a quienes ocupan las últimas filas del avión, porque así avanzarán hasta el fondo y no bloquearán la puerta de acceso mientras se acomodan en sus lugares.

Si siempre siguiéramos esta indicación, el abordaje podría ser mucho más fluido. No te preocupes si eres el último en subir. Mientras estés en la puerta de salida a la hora indicada, no hay riesgo de perder el vuelo y la tripulación siempre te ayudará a encontrar un lugar para tu equipaje de mano.

Ser cortés con los compañeros de fila

Aunque no seas la persona más sociable y no tengas la intención de conversar durante todo el vuelo con tus vecinos, un mínimo de cortesía es indispensable. No será raro que necesites un poco de apoyo de las personas sentadas a tu lado, especialmente si se trata de un vuelo largo; desde pedir que te pasen la charola con la comida o que te dejen pasar para levantarte al baño, hasta que te asistan o pidan apoyo si es que te sientes mal. Conviene, por tanto, empezar el vuelo en buenos términos; un “Hola” o “Buenos días” (tardes o noches) y una sonrisa bastan.

Respetar el espacio de los demás

El espacio es algo por lo que se pelea cada vez más en los aviones, pues conforme las demandas de vuelos crecen, el espacio entre asientos se reduce… Sin embargo, con paciencia, comprensión y respeto, se pude tomar asiento con relativa comodidad, sin molestar a los pasajeros de al lado, de adelante o de atrás.

Moderar el consumo de alcohol

Muchas personas optan por tomar bebidas alcohólicas durante el vuelo con la intención de relajarse o simplemente, de disfrutar más el viaje. Pero ha de tenerse en cuenta que los efectos del alcohol pueden ser más fuertes durante un vuelo en avión, debido a factores como la altitud y la presión. Además, beber en exceso puede ser contraproducente para la relajación, porque altera el sistema nervioso y hace que te levantes con más frecuencia al baño. Y, lo más importante, ni a los pasajeros ni a la tripulación les gustará lidiar con un pasajero ebrio.

Hacer algo agradable o relajante

Un viaje en avión puede ser la oportunidad perfecta para ponerte al corriente con esa lectura pendiente, o con los capítulos de tu serie preferida que te has perdido; o bien, sencillamente para sentarte y descansar. Lleva contigo todo lo que te ayude a disfrutar y relajarte (y que esté permitido por la seguridad, obviamente); libros, reproductor mp3, tableta, auriculares, antifaz para dormir o tapones para los oídos. Estos elementos, fáciles de portar, te ayudarán a crear un ambiente agradable y tu propia tranquilidad será positiva para los demás, porque así al menos no serás un pasajero molesto.

Cinco consejos para dormir mejor en los meses más fríos

Estamos en pleno invierno en el hemisferio norte y justo en este año 2017 que comienza, el frío se está dejando sentir, incluso en los lugares caribeños.

Es notorio en estos meses que ante temperaturas frías y la falta de luz solar sea un tanto difícil encontrar una buena razón para dejar el calor de la cama. De hecho, como no ves la luz solar, lo que deseas es seguir durmiendo calientito, ¿cierto?

Bueno, no eres el único que padece de este “mal”, de hecho es mucho más común de lo que se cree, ya que de acuerdo a un estudio hay más de tres millones de casos de trastorno afectivo estacional cada año, tan solo en los Estados Unidos.

Ante el clima no podemos hacer mucho, pero sí existen cosas simples que podemos hacer para obtener una mejor noche de sueño durante estos meses de invierno que se presumen fríos.

Comencemos entonces con las sugerencias:

Lo primero es acondicionar de la mejor manera tu espacio o dormitorio. Debes asegurarte de que tu dormitorio sea un entorno que promueve el descanso y que éste sea de calidad.

Por ejemplo, usar un protector de colchón de alta calidad y un protector de almohada es un buen comienzo para limitar el polvo, los ácaros del polvo y otros alérgenos que pueden mantenerte despierto por la noche.

Los filtros de aire, ya sea como parte de tu sistema de calefacción también deben estar limpios y en buenas condiciones.

Verifica que tu colchón sea lo suficientemente cómodo. Si ya tiene sus años, definitivamente requieres hacer cambios. Así que aprovecha la temporada y busca una venta de colchones para renovar el tuyo.

El siguiente tip se enfoca en usar ropa de cama de alta calidad, esto porque la calidad en el tejido de las sábanas puede hacer una gran diferencia. En mi caso, no consigo conciliar el sueño si tengo frío, por lo que el usar, por ejemplo, sábanas de franela hacen la diferencia al proporcionarme más calor.

Pero ojo, si éstas no son de calidad, pueden no ofrecerte el calor que buscas o por el contrario, darte mucho calor, lo que también puede afectar negativamente a tu calidad de sueño.

El tercer consejo es realizar un ejercicio ligero antes de ir a la cama, ya que podría ayudarte a dormir mejor por la noche.

Por ejemplo los ejercicios de yoga, el estiramiento u otro ejercicio antes de acostarse pueden ayudar a que tu ritmo circadiano disminuya.

El cuarto consejo te invita a pasar un poco de tiempo fuera de casa. Sabemos que el frío te invita a no salir o evitar el hacerlo precisamente porque hace frío.

Sin embargo, el acceso limitado a la luz solar puede hacer que tus niveles de vitamina D disminuyan, lo que puede aumentar tu somnolencia durante el día. Además, la falta de luz puede hacer que tu cuerpo produzca más de la melatonina química, que puede hacer que te sientas cansado y lento.

Así que cuando sea posible, realiza un rápido paseo en momentos en que la luz del día sea brillante.

En el quinto consejo vamos hablar de los trajes de noche… claro está que me refiero a las pijamas o ropa para dormir.

Si eres de los que buscan el tener una ropa de cama calientita, de tela suave o seas de las personas que disfrutan el roce directo entre la piel y las sábanas, es importante entender que entre mejor sea la calidad del tejido, mejor será tu descanso y, definitivamente en los meses fríos, más vale dormir con alguna ropa ligera, aun cuando no sea muy de tu agrado.

Cuando el panorama no se ve claro

¿Has sentido que, por más esfuerzo que pongas en ver las cosas de manera clara y objetiva, no consigues atravesar esa pared de sombras que parece extenderse frente a tus ojos?

Puede ser que te encuentres en un entorno verdaderamente conflictivo, amenazado por crisis y catástrofes. O que alguna situación personal te mantenga en la incertidumbre. Aunque también puede ocurrir algo de muy distinta índole; a saber, que el problema esté en tu visión.

Sí, hablamos de no ver claro en un sentido muy literal. Cuando prácticamente cierras los ojos para enfocar y distinguir la señal de tránsito o reconocer a quien te saluda; cuando no te alcanza el brazo para alejar el libro y poder leer, o cuando parece como si vieras a través de un cristal empañado, significa que hay algún problema con tu vista.

Ante tales señales, no debes alarmarte ni comenzar a imaginar lo peor, como que estás perdiendo la vista o que ya tienes cataratas en los ojos. Pero sí es momento de que acudas con el oftalmólogo, pues síntomas como los que acabamos de mencionar o cualquier otro problema relacionado con la visión pueden ser indicadores de diversas enfermedades.

La visión borrosa de objetos lejanos es provocada por un problema de refracción o enfoque y recibe el nombre de miopía. El problema de refracción se presenta debido a que el glóbulo ocular es muy alargado o a que la curvatura de la córnea es demasiado pronunciada; cualquiera de estas dos condiciones hace que las imágenes se enfoquen delante de la retina y no en ella, lo cual dificulta la visión de lejos.

Otro defecto de refracción puede provocar que las imágenes se enfoquen de manera distorsionada sobre la retina. Esto afecta la visión tanto de cerca como de lejos y se conoce como astigmatismo. Ambos padecimientos pueden manifestarse desde la infancia, pero si se atienden y corrigen, tienden a estabilizarse. Además, actualmente la miopía puede corregirse con cirugía láser.

Las cataratas también tienen a la visión borrosa entre sus síntomas; sin embargo, las causas que subyacen al problema, sus repercusiones y hasta la propia sintomatología son muy distintas.

Las cataratas consisten en una opacidad del cristalino, la lente natural del ojo que permite el paso de la luz hacia la retina. Naturalmente, dicha lente debe ser lo más transparente posible para que las imágenes puedan enfocarse adecuadamente.

Cuando la catarata empieza a desarrollarse, la visión puede tornarse borrosa y débil, o bien, las cosas pueden lucir menos brillantes. Algunos pacientes comentan que es como si vieran a través de una ventana sucia o empañada.

Para corregir los problemas de visión ocasionados por las cataratas, existen varias alternativas. No siempre es necesario extirpar la catarata; en algunos casos, basta con corregir la graduación de los anteojos, o prescribirlos, si es que aún no se usan.

En otras circunstancias sí puede ser necesaria la cirugía, para extraer el cristalino afectado y reemplazarlo con un lente intraocular, también graduado. Contrario a la creencia popular, no es necesario que la catarata esté “madura” o muy avanzada para poder practicar la cirugía. Lo importante es consultar con un especialista, para que determine el procedimiento más adecuado a seguir.