El apuro capitalino

El día de ayer fui a ver a un amigo mío que se dedica vender los servicios de varias empresas de factoraje financiero en México, empresas que pertenecen a un mismo grupo y naturalmente a los mismos dueños. El motivo de mi visita fue que es posible que contratemos los servicios de una de aquellas empresas.

Al salir de ahí fui a otra reunión que quedaba literalmente hasta el otro lado de la ciudad, algo que por supuesto es una verdadera pesadilla, contando con el tráfico que tenemos aquí en México.

Este es un problema que muchas personas ignoramos en su plano real y solamente es algo que nos es molesto, pero también algo a lo que varios de los capitalinos se están acostumbrando, ya sea por apatía, mecanismo de defensa, o por cualquier otra razón, algo absolutamente entendible, ya que si nos estresamos por el tráfico más de lo debido, entonces nuestro día a día será un infierno.

No obstante, es nuestro deber entender el problema del tráfico, un tráfico catalogado en muchas fuentes como el tráfico más pesado del mundo, lo peor siendo que hace algunos años estábamos lejos de serlo, aunque siempre hemos contado con tráfico.

Uno de los factores más importantes del exceso de tráfico en la Ciudad de México se debe a la centralización absoluta del país, ya que el 85% de la industria que mueve a México se encuentra en la capital, algo digno de un país que no sabe cómo manejarse de una manera adecuada.

Es realmente impresionante que instituciones como la Secretaria de Marina se encuentren en la Ciudad de México y no en uno de nuestros infinitos puertos, donde se desarrollaría de una manera mucho más efectiva.

Esta centralización de la industria y de la bolsa de trabajo naturalmente atrae con ella a un enorme número de personas, de la misma manera en que la luz atrae a los mosquitos, lo que causa, por supuesto, un desastre en las calles y avenidas.

Otro asunto que no ayuda nada en este sentido es algo que ayuda mucho a la economía del país; me refiero a la súper producción  de automóviles, rubro en el que nuestro país ocupa el segundo lugar mundial.

La exportación de automóviles es muy sana para nuestra economía, sin embargo, en cuestión interna es un desastre, debido a la increíble cultura consumista que tenemos en México y en el mundo occidental.

Sabemos, pues, que tenemos muchos autos en nuestra capital; sin embargo, lo peor es el mal manejo que existe en su mantenimiento y en la tremenda corrupción que existe en los centros de verificación, quienes dan el visto bueno a cualquiera que pague, basta nada más con ver a los camiones y autobuses que despiden humo como furiosos dragones, que crean naturalmente un aire tóxico, que a su debido tiempo tendrá severas consecuencias en nuestros pulmones.

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