Mi primera noche solo en casa y fue de terror

Todo niño sueña con que sus padres por fin acepten dejarlo solo en casa cuando ellos salen por la noche, sin llamar a la tía o a la abuelita para que los cuides, y menos a una niñera. Hoy volvió a mi mente aquel recuerdo debido a que mientras estaba recostado en mi cama a punto de dormirme y escuché rechinar el suelo, como suele hacer la madera para pisos que tiene ya unos años de uso. Volví a sentir el mismo miedo como cuando me sucedió de joven, una historia que no había querido contar para evitar que me llamen loco. Pero dos veces pasar por lo mismo y que haya una diferencia de casi 10 años, es imposible de creer.

La primera noche que me quedé solo mis padres decidieron ir a cenar y al cine, pues hacía tiempo que no disfrutaban el uno del otro, así que los motivé a salir para que así me dejaron solo y mi alma, como dirían en los partidos de futbol. Ellos accedieron… para mi desgracia. Las primeras horas me la pasé viendo películas sangrientas que ellos no me permitían disfrutar, comiendo varias bolsas de palomitas y refresco hasta reventar. Quedé tan lleno y asustado de tanta sangre después de la primera película que ya no quería estar solo, así que me fui a mi habitación y me metí a la cama, cubriéndome con las sábanas y esperando que me ganara el sueño. Debajo de mi escudo anti monstruos o fantasmas no era anti ruidos, y fue así como el piso de madera comenzó a rechinar, como si alguien estuviera acercándose de puntitas hacia mí.

El corazón se aceleraba, los vellos se me erizaron, la frente se llenó de sudor frío y hasta temblaba. Cerré los ojos y apreté los párpados con tanta fuerza que creí podrían explotar. Cuando dejó de rechinar o tronar la madera, sentí como el dedo de una mano recorría mi silueta sobre las sábanas, como si analizara qué hacer conmigo. Después sólo un susurro ininteligible, que no pude descifrar. Ese había sido el momento más terrorífico de mi vida hasta ahora, pero ya no más. Traté de olvidarlo, creí que era el sonido que luego hace la madera con el tiempo y que el susurro y sentir que me tocaban sólo fue producto del exceso de azúcar en mi sangre y una buena dosis de sangre en la película. Ya no lo recordaba a diario hasta hoy.

Hoy, mientras dormía, el rechinido del piso me despertó y como si tuviera otra vez 13 años me escondí bajo las sábanas. Al parecer esta cosa que me siguió y que se esperó casi una década para volver a molestarme. Siguió el mismo modus operandi, caminar hacia mí, recorrer mi silueta y decirme algo en voz baja al oído, que esta vez reconocí.

“Volví”, me dijo. La respiración se me aceleró, el corazón se me quería salir y yo deseaba correr para salir de mi cuarto, pero las piernas no me respondían, no quería dejar mi escudo de sábanas. Ahora cada noche espero la llegada de este ser, que no sé qué lo motiva a venir.

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